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Articulos
En Esta Página: La Guelaguetza, La Guelaguetza Actual, Tradiciones
Populares, Leyenda Y Tradición, Las Calendas,
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La guelaguetza El origen prehispánico de la guelaguetza La antigüedad de la actual festividad de los “Lunes del Cerro”, se remite a finales del siglo XV; su origen se deriva de la celebración de ritos prehispánicos de adoración y pedimento a la diosa azteca protectora del maíz “Centeocihuatl” o “Centeotl”, en cuyo honor se realizaban danzas y comidas rituales que culminaban con el sacrificio de una doncella, quien durante el lapso de las festividades era considerada la representación misma de la deidad. Los festejos y ritos se realizaban en lo que ahora de conoce como Cerro del Fortín, y que antaño era denominado por los zapotecos como “Tani Lao Nayaaloani” o “Daninayaloani” que significa Cerro de Bellavista, en la cima de la cual se encontraba una guarnición azteca a cuyas faldas se fundó el asentamiento de “Huaxyacac”, origen de la actual ciudad de Oaxaca. La guelaguetza actual Durante los turbulentos años del siglo XIX, las festividades de las procesiones del Lunes del Cerro perdieron gran parte de la fastuosidad de las procesiones de la época colonial. No obstante, la costumbre de festejar a la Virgen del Carmen, e ir posteriormente el primero y segundo lunes al cerro, prosiguió. En estas épocas las familias preparaban almuerzos y comidas que disfrutaban en el cerro. Después iban a tomar exquisitas nieves de frutas y degustaban ricas golosinas de nombres estrafalarios: “gollorías”, “mostachones”, “gendarmes”, “charamuscas”, etc. Hacia 1928-1930 se trató de dar mayor realce a las festividades y se incluyó por primera vez la escenificación de la “Danza de la Pluma”***, propia de varios pueblos zapotecos y mixtecos de Valles Centrales, que representa la gesta de la Conquista. Los antecedentes contemporáneos de la presentación de bailes regionales dentro de la Guelaguetza se remontan al año de 1932, cuando se celebró el IV centenario de haberse otorgado a Oaxaca el rango de ciudad, realizándose un “Homenaje Racial” en el que las diferentes regiones del estado dedicaron cuadros de danza en honor de la capital celebrándose además el concurso para seleccionar a la “Señorita Oaxaca”. En esa ocasión, a la ganadora se le ofrecieron varios presentes tales como sarapes de Teotitlán del Valle, loza verde de Atzompa y negra de Coyotepec, mezcal de Santa Catarina Minas y pan de Tlacolula, entre otros. Este tipo de presentes, realizados en ocasiones muy especiales, se acostumbra entre los zapotecos para corresponder a atenciones o servicios prestados por una persona o familia y se conocen como “guelaguetza”, vocablo zapoteca, sobre cuyo significado aún hay polémica. La importancia de esta costumbre destaca el tomar en cuenta que en muchos pueblos de los Valles Centrales las familias registran en un libro la ayuda recibida bajo esa manifestación de fraternidad a fin de saber con precisión cuáles son las obligaciones contraídas, a las cuales, a su vez, hay que corresponder. Se acostumbra dar guelaguetza en los casamientos, los nacimientos y los funerales, ofreciendo ritualmente a los contrayentes o familiares comida, guajolotes, cigarros, mezcal o dinero, situaciones que deberán ser retribuidas de igual manera por los beneficiarios, estableciéndose así una extensa red de compromisos sociales. La guelaguetza también se realiza para corresponder a quienes ayudan en las labores de la siembra o la cosecha. En el Istmo de Tehuantepec se dice que la palabra Guelaguetza deriva de la palabra zapoteca “Guendalizaá”, que hace alusión a “una actitud, una cualidad con la que se nace; un sentimiento por medio del cual el zapoteco acepta, sirve y ama a su prójimo; es el sentimiento de parentesco, de hermandad, de compartir con todos los hermanos lo mejor de la naturaleza”**** A partir de 1951, las festividades del Lunes del Cerro adoptan el término popular de la “Guelaguetza”, debido a que las delegaciones regionales acostumbran traer, para regalar entre el público, productos artesanales, frutas y bebidas, además de ofrendar a los concurrentes su música y sus bailes. Ambos aspectos de las festividades del “Lunes del Cerro” y el vocablo “Guelaguetza” identifican al conjunto de actividades realizadas durante el primero y el segundo “Lunes del Cerro”. Como parte de éstas, desde 1968 cada delegación presenta una candidata al título de “Diosa Centeotl”. La elegida es investida públicamente y preside las festividades, que se realizan desde 1974 en el auditorio del Cerro del Fortín, situado donde anteriormente se levantaba una rotonda al aire libre conocida como “Rotonda de la Azucena”, sede original de las modernas festividades de la Guelaguetza. Además de los bailes y danzas regionales presentados en el Auditorio del Cerro del Fortín, y la elección de la Diosa Centeotl, se llevan a cabo diversas actividades artísticas y culturales paralelas en el lapso comprendido entre el primero y el segundo Lunes del Cerro. Acaso como una expresión original de una cultura popular la Guelaguetza haya perdido autenticidad, pero su fuerza festiva pervive lo ritual junto a lo profano, subsiste un modo propio y único de ser y de entender al mundo, en el cual es posible descubrir una riqueza de expresiones que revela el colorido de la diversidad cultural de caracteriza a todo México y, especialmente, al estado de Oaxaca. |
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TRADICIONES DE FIESTAS POPULARES. Las festividades populares que se celebran en determinadas fechas y en diferentes poblaciones de la entidad pero sobre todo en la capital, por su mismo carácter presentan muy diversas facetas de nuestro folklore. Siguiendo el orden cronológico correspondiente a dichas festividades enunciaremos en primer lugar la celebración del carnaval que en la capital no presenta actualmente ningún interés pero sí en diversas poblaciones del Valle y la Mixteca, y muy especialmente en Putla, donde la celebración cobra manifestaciones extraordinarias con la participación de casi todos los jóvenes de la localidad, inclusive señoritas, cuyos disfraces, de confección improvisada, son bastante originales y llamativos. Después del Carnaval los Viernes de Cuaresma son las celebraciones de mayor importancia, con las romerías que se organizan a determinados santuarios y la verificación de grandes ferias comerciales, agrícolas y ganaderas, en los mismos, siendo las más importantes, las del primero, en Santa María Ixcatlán (Teotitlán) y Teposcolula; la del segundo en Santa Catarina Yosonotú (Tlaxiaco); la del tercero en San Juan Copala (Juxtlahuaca); la de cuarto en Tezoatlán (Huajuapan) y Huaxpaltepec (Jamiltepec), y la del quinto en la Villa de Etla; la celebración de todos estos viernes se verifica en la capital con los tradicionales paseos matinales al Llano, y el cuarto, Viernes de la Samaritana, con el obsequio de aguas frescas en los templos de la ciudad, mercados y algunas casas particulares. |
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La Semana Santa Es una de las celebraciones más importantes en la ciudad de Oaxaca; esta celebración tiene un carácter completamente costumbrista y se distingue también por la austera solemnidad de los diferentes actos litúrgicos y el acentuado sabor vernáculo de los profanos; y aun cuando la implantación del rito antiguo en mucho ha modificado los anteriores usos y costumbres que antiguamente se estilaban, la celebración conserva muchas y muy originales manifestaciones populares, tales como el reparto de aguas frescas la tarde del Martes Santo en el barrio de Xochimilco, la ceremonia del Lavatorio y la visita a los altares de los templos el Jueves Santo, y al día siguiente los Encuentros en Jalatlaco, Xochimilco y el Marquesado, el sermón de las Siete Palabras y los Descendimientos, lo mismo que el solemne pésame presentado a la Virgen de la Soledad, por la noche, que es una de las ceremonias más impresionantes y patéticas. |
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Algunas celebraciones regionales revisten un tipicismo clásico entre ellas las populares “Velas” del Istmo, principalmente la verificada en Juchitan, en el mes de abril, en honor del Santo Patrono del lugar, San Vicente Ferrer. El aspecto más pintoresco de estas “Velas” lo constituye la manifestación pública o paseo por las calles de la población; lo componen varias carretas adornadas con ramas y flores, y la yunta con collares de papel de china y la cornamenta pintada de vivos colores; a bordo de las carretas van nutridos grupos de señoritas ricamente ataviadas, con jicalpextles llenos de flores y de fruta que van tirando al paso, a la concurrencia, siendo muy de ver el abigarrado conjunto de formas de la comitiva, a caballo o a pie, verificándose al final del recorrido una espléndida fiesta en la casa de Mayordomo de la celebración. |
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El día de la Santa Cruz, el 3 de mayo, tiene una celebración especial en la ciudad, colocándose en todos los zaguanes de las casas una cruz adornada con flores, pero lo celebra principalmente el gremio de albañiles, quemando cohetes durante toda la mañana y colocando cruces, engalanadas también en el remate de las construcciones que están levantando. En este mismo mes tiene lugar la verificación de la fiesta titular de la vecina población de Xoxo, donde forma parte de los actos profanos el espectáculo de los toros de lidia en un corralón improvisado a un costado del templo, siendo acostumbrado también este espectáculo en algunas otras poblaciones del Valle Villa Alta y la Mixteca. Después de esta festividad se presenta, en la segunda quincena de julio, otra de las más importantes, y la más antigua de Oaxaca, como trasunto que es de cierto rito indígena, mexica, practicado mucho muy antes del establecimiento de la ciudad española, siendo ésta la del Lunes del Cerro, con la correspondiente octava. Esta fiesta, verificada hace cincuenta años con toda sencillez, ha llegado a revestir en la actualidad, al igual de la de la Noche de Rábanos y las Calendas de Navidad, un poderoso incentivo de interés turístico, llegando a convertirse en un espectáculo singular, con la ejecución de los diversos bailes y danzas populares de las siete regiones del estado, la música también popular correspondiente a las mismas y la exhibición del pintoresco atavío de los ejecutantes; es, pues, una fiesta de recio y vigoroso colorido, de acentuado sabor folklórico; un espectáculo soberbio desenvuelto en un escenario natural que tiene como fondo la magnífica perspectiva del anchuroso Valle de Oaxaca. |
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A esta festividad sigue, el 31 de agosto, la tradicional ceremonia de la bendición de los animales, en el templo de la Merced, a la que concurre el vecindario conduciendo sus animales domésticos, pintados de vivos colores unos, engalanados otros con flores o listones y los más enfundados en atavíos de muy diversa confección, con lo cual la inventiva popular pone en la ceremonia una nota regocijante y pintoresca. Poco después, los segundos domingo y lunes de octubre tienen verificativo, respectivamente, la gran feria de Tlacolula y la festividad de Santa María el Tule, aquélla de carácter comercial y ésta de carácter diríamos recreativo para las familias que antiguamente asistían a la misma conducidas a bordo de carretas, derramándose los asistentes por todos los ámbitos del pueblo para saborear las bebidas, viandas y frutas del lugar, a la fresca sombra de los fresnos, tal como se disfruta de uno de tantos días de campo. A seguir se presenta la Fiesta de Finados, o los Muertos, como también es conocida, misma que constituye otra de las festividades que se celebran por tradición, prolongándose todo el mes de noviembre pues la primera celebración, la del día 2, corresponde a la ciudad, y cada lunes de los siguientes al Marquesado, Xoxhimilco y San Felipe del Agua; la nota costumbrista en esta fiesta, independientemente de la visita a los panteones que se verifica siempre con el estreno de alguna prenda de vestir, lo que también se acostumbra en Semana Santa, la ofrecen principalmente los “altares de muertos”, recubiertos de flores aromáticas, de ceras votivas, de frutas de la temporada y de los diversos guisos y platillos que se condimentan en tal ocasión y son depositados como ofrendas a las ánimas de los deudos, teniendo esta conmemoración de los fieles difuntos un carácter general, pues se celebra en igual forma en todas las poblaciones del estado. Después de la festividad de Nuestra Señora de la Concepción, verificada el 8 de diciembre y que se distingue por la extraordinaria romería celebrada en el cercano pueblo de San Juan Chapultepec, las fiestas de mayor importancia son las de la Virgen de la Soledad, Patrona de Oaxaca, el día 18, la de la Noche de Rábanos, el 23, y la de la Navidad, el 25, en cuya víspera tiene lugar el recorrido de las calendas de todos los templos de la ciudad, con sus originales y suntuosos carros alegóricos. De estas últimas festividades la correspondiente a la Noche de Rábanos es la que presenta uno de los más característicos perfiles folclóricos, en la exhibición de muy diversos y artísticos productos de manufactura popular, confeccionados con flores naturales y enceradas, y sobre todo de rábanos de fantásticas formas y apariencias. |
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Leyenda y tradición La leyenda tiene un carácter general, es algo común en la historia de todos los pueblos, ya sea concebida en un hecho inverosímil, es decir, producto de un mito, o bien fundada en la verificación de un remoto y significativo suceso, en cuyo caso a veces toma cuerpo de tradición, de la que a su ves, derivan ciertos usos, prácticas y costumbres cuyas manifestaciones constituyen precisamente la médula del folklore. En esta aspecto Oaxaca cuenta con diversidad de leyendas de carácter mítico e histórico; entre las primeras figuran la leyenda zapoteca del nacimiento del fuego, la del mítico alumbramiento de los árboles de Apoala, progenitores del primer hombre y la primera mujer mixtecos, y la del mutuo aniquilamiento de chontales y chatinos en el que participan los genios de ambos pueblos, empeñados en una contienda fabulosa en la que unos y otros recurren al empleo de sus poderes sobrenaturales; entre las segundas figura la poética leyenda de la princesa Donají, la de la Santa Cruz de Huatulco que, según consigna la tradición, fue plantada muchos años antes de la conquista en playas oaxaqueñas, y la de las singulares apariciones de la Virgen de la Soledad y la de Juquila. Pero omitiremos toda referencia a unas y otras puesto que este aspecto por su misma amplitud requiere un trabajo especial. |
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Las calendas Estas populares y públicas manifestaciones organizadas para solemnizar las festividades titulares del correspondiente Santo Patrono de los templos de Oaxaca, fueron introducidas por los religiosos franciscanos, durante el coloniaje, y se han extendido a algunas otras poblaciones del estado, como Tlaxiaco y Huajuapan; la calenda, que se recorre las calles de la ciudad la antevíspera de la festividad, es organizada conjuntamente por el sacerdote, mayordomo de la festividad y feligresía, formando parte de esta organización la designación, de las “madrinas” de calenda que contribuyen en parte a sufragar los gastos originados por ésta; aparte de la calenda es organizado también el “convite”, que así también recorre las calles pero nueve días antes de la celebración, anunciando la misma, y está integrado por una banda de música, dos o tres personas encargadas de quemar cohetes y los feligreses o vecinos de la barriada correspondiente, que enarbolan tiras de carrizo con todo y hojas, adornadas con multicolores banderillas de papel. Las calendas, nervio del folklore oaxaqueño y una de las más ostensibles manifestaciones de éste, son un espectáculo fastuoso, por la elegante ornamentación de los monumentos improvisados en los carros, la feérica iluminación de éstos y el abigarrado conjunto que las integra; las principales y más vistosas son las que cada templo organiza en la Navidad y la de la Patrona de Oaxaca, cuyo recorrido termina hasta el día siguiente, a las ocho o diez de la mañana. La calenda, congregada frente al templo, comúnmente inicia su recorrido entre cinco o seis de la tarde; el cortejo comienza a desfilar llevando al frente al encargado de quemar una pequeña rueda detonante y a los coheteros, siguen la banda de música, y detrás y en dos filas las rumbosas “chinas” que cargan sobre la cabeza las canastas de carrizo con los diversos símbolos y figuras enfloradas, y las gentes que portan farolillos, detrás de esta doble fila el carro con el monumento, la madrina y el conjunto infantil que le sirve de cortejo, y al final dos grandes faroles y la marmota, que es un enorme globo de manta blanca, de tres o cuatro metros de diámetro, con cuatro o cinco velas encendidas en su interior. Desde luego, el aspecto más llamativo de la calenda lo constituye el monumento, de forma y estructura muy diversas, levantado sobre el carro en el que, como indica, va la madrina y el grupo de niños, o a veces de personas adultas, representando ángeles, o bien vistiendo hábitos monacales, o trajes de zagales o de pastores; pero el carácter popular del espectáculo reside en el cortejo de “chinas”, ataviadas con sus mejores galas, luciendo el fino rebozo nuevo o las valiosas arracadas y cargando a cuestas las canastas con representaciones o imágenes de santos o con figuras formadas con musgo y flores; pájaros, liras, corazones, soles, lunas, medias lunas, estrellas, cuernos de la abundancia, liras o simplemente búcaros artísticamente dispuestos y de matices combinados con muy buen gusto. En esta forma el cortejo desfila por las calles, saludando por el repique de las campanas de los templos situados en el itinerario, deteniéndose algunos momentos en la casa de las madrinas de calenda para prestar el cumplimiento de rigor y tomar el refrigerio que se obsequia a los participantes, junto con la consabida colación a los niños que acompañan al monumento, disolviéndose ya bastante tarde en el punto de partida. Según costumbre, los participantes en la calenda de la Soledad bailan un “jarabe” en el atrio del santuario, antes que disolverse. |
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